Cambio Climático en México

IMG_4333En la Jornada hay un artículo de Rodrigo González sobre  un estudio que presentó el Banco Mundial en un foro en Copenhagen. En dicho artículo se informa que a causa del cambio climático, México ya experimenta daños en el medio ambiente y en su economía. Uno de los autores del reporte dijo: “en el transporte –tanto de carga como público– se encuentra una posibilidad importante de reducir la emisión de contaminantes. Esta actividad es la mayor y de más rápido crecimiento en emisiones de gas, las cuales se pueden reducir si se exige a los distribuidores que vendan vehículos de menor consumo de gasolina y mejorando el transporte en las ciudades”.

Yo añadiría si se implementa más el uso de bicis, se construyen ciclovías, se invierte más en metrobús. Y,¿no sería mejor aumentar impuestos al uso de autos en lugar del Internet? Eso también  ayudaría a reducir significativamente las emisiones de carbono y de paso, no se mantendrían los privilegios de los que sí pueden pagar el Internet. Éste debería ser de acceso universal:) ¿un derecho fundamental? Si quieres leer más sobre los impuestos al Internet y la discusión, aquí.


De muertes y muertos

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25 de octubre: dos coche bomba explotan en Bagdad matando a 155 personas y dejando 500 heridos más o menos (hasta ahora). Muertes absurdas. Ultraje a la muerte. Humillación de las personas. Muertes periodísticas que pasan desapercibidas luego de cliquear la siguiente nota.

A propósito de esta nota y ahora que se acerca el día de muertos-con su festividad colorida, tan llena de olores y sabores- me detengo y pienso también en la muerte y la cercanía conmigo.  La primera vez que rondó cerca de mí tenía tres meses y cambió mi vida drásticamente. A los once meses trató esta vez de llevarme, la ciencia lo impidió. Pasó tiempo y sólo supe de ella cuando tenía diez años por la muerte de un vecino cercano, luego fue otra vecina y, después otro. A mis catorce años murió mi tía. Tía querida, elegante, dulce, pero poco conocida. Años nos separaron de encuentros más estrechos. No la conocí profundamente, pero si la quise. Después llegó la muerte de mi papá. Eso sí fue un cambio ontológico: el mundo se volvió, literalmente, gris (hizo falta de la aparición del amor para que el mundo recuperará sus colores).

El hecho de haber presenciado la muerte de mi papá lo  tomé como regalo o especie de suerte, en el sentido de haber podido estar con mi padre en su última hora, haber podido participar de sus últimos respiros, haber podido despedirme, insensata de mí, racionalmente, y agradecerle por todo. Dato curioso, en mi soberbia de creerme inocente, no le pedí perdón (la tan buena relación que él y yo teníamos, me hizo suponerme inocente). Además de esto, simple e ingenuamente, pude afirmar, con cierto entusiasmo, que mi papá  no había sufrido. Su muerte había sido tan decorosa como él siempre lo fue: sin afectación, elegante, lentamente se acercó al momento final y más misterioso de la vida, la muerte. Después de casi 9 años, apenas voy dándome cuenta del acontecimiento tan importante y trascendente que viví y que yo, ingenua y orgullosamente, no entendí.

Era la muerte de mi padre, pero era el acontecimiento de la muerte misma. No mía. Por eso tuve la ingenuidad de decir que mi padre no había sufrido. ¿Cómo habrá vivido mi  papá su muerte? Qué terror! Supo que estaba muriendo! Estaba consciente de su muerte. Que dolor de no ver más a sus seres queridos! Pareciera que es un acontecimiento donde el dolor y la alegría del recuerdo, de lo que ya fue, de lo “conocido”, se funde con el terror de la incertidumbre a lo desconocido, a la propia muerte.

La muerte (y la vida, coincido con mi papá) además de ser un momento traumáticos para el ser humano es el proceso más solitario, se da en soledad, por mucho que haya una audiencia concurrida, y quizá por ello es más aterrador.

Esto, como es obvio, es pura especulación. Ya se ha escrito que nadie puede experimentar la muerte del otro.  (Heidegger….)

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Poco tiempo después, mi abuela murió también (tampoco la conocí como pude), y más tarde supe de la muerte de dos compañeros  en mis años universitarios. Aún los recuerdo. Pensar que se esfumaron al lugar de los muertos…

Si la tradición es cierta, este domingo Ellos vendrán al festín de la ofrenda a darnos soplos de vida.


Esperanza vial

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“Lo tierno y lo débil

vencen lo duro y fuerte”.

Lao Tsé

Se acerca la cumbre de Copenhage (del 7 al 18 de diciembre)  en donde se tiene la intención de cambiar al Protocolo de Kyoto por uno que busque solucionar los problemas del cambio climático, entre ellos la disminución de los gases de invernadero. Es posible que apuesten por el incremento de biocombustibles. Pero es dejar un problema para meterse en otro más. De acuerdo con algunos científicos: Cualquier plan para impulsar biocarburantes agravará las emisiones de carbono.

Según entiendo las causas principales del CO2 provienen de la industria y del uso del automóvil. Será que los países participantes en Copenhagen logren el tan deseado acometido? Finalmente, lo que está en juego es el futuro de la tierra.

Mientras estos señores se la juegan con nuestras vidas, yo creo que una forma de involucrarse en el tema, que definitivamente nos compete a cada uno de los habitantes de este planetita, es disminuir el uso del automóvil y usar medios de transporte público o, en su caso, bicicletas.

En México hay mucho desdén hacia los ciclistas y un culto  “ridículo”  al automóvil. Según Areli Carreón, presidenta del consejo directivo de la asociación civil Bicitekas,  en el DF circulan 4 millones de automóviles que desplazan a 25% de la población. Sin embargo,  como fan declarada de la bici -y con cierta confianza en la sociedad civil-  creo que sería muy significativo si aumentara el uso de la bicicleta. Nos ahorraríamos mucho tiempo atollados en el tráfico y además, sería nuestro compromiso personal y civil con la reducción de dióxido de carbono, pues estaríamos fomentando otra manera de movernos en el mundo.


Nuestras derrotas no demuestran nada


Cuando los que luchan contra la injusticia
muestran sus caras ensangrentadas
la incomodidad de los que están a salvo
es grande.

¿Por qué se quejan ustedes?, les preguntan.
¿No han combatido la injusticia? Ahora
ella los derrotó.
No protesten.

El que lucha debe saber perder.
El que busca pelea se expone al peligro.
El que enseña la violencia
no debe culpar a la violencia.

Ay, amigos.
Ustedes que están asegurados,
¿por qué tanta hostilidad?¿Acaso somos
vuestros enemigos los que somos enemigos de la injusticia?
Cuando los que luchan contra la injusticia están vencidos,
no por eso tiene razón la injusticia.

Nuestras derrotas lo único que demuestran
es que somos pocos
los que luchamos contra la infamia.
Y de los espectadores, esperamos
que al menos se sientan avergonzados.

Bertolt Brecht