Acción conservadora y transformadora

“…la actitud conservadora -que acepta al mundo tal cual es y sólo se esfuerza por conservar el statuo quo– no lleva más que a la destrucción, porque el mundo, a grandes rasgos y a detalle, queda irrevocablemente destinada a la ruina del tiempo si los seres humanos no se deciden a intervenir, alterar y crear lo nuevo” Arendt.


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El gran criminal del siglo

“El cabeza de familia … Nos hemos acostumbrado tanto a admirar o a cortésmente ridiculizar el amable desvelo y la concienzuda concetración del cabeza de familia sobre el bienestar de los suyos, esa su solemne determinacion a hacer la vida fácil a su esposa e hijos, que apenas si reparamos en cómo el devoto paterfamilias, al que nada preocupa más que su seguridad, se transformó bajo la presión de las caóticas condiciones económicas de nuestro tiempo en un aventurero involuntario que, a despecho de toda su diligencia y cuidado, nunca podía estar seguro de lo que la vida traería consigo… Se vio entonces que con claridad que por mor de su pensión, de su seguro de vida o de la seguridad de su esposa e hijos, un hombre ahí estaba listo a sacrificar sus creencias, su honor y su dignidad humana”

Hannah Arendt sobre la Alemania Nazi

Mujeres con poder opinan

El número 400 de la Revista Nexos presenta en la portada:  SOLO  MUJERES. La edición estuvo a cargo de Marta Lamas.

Si bien es importante que haya un debate constante en las revistas, como bien señala Lamas, también se requiere que estos debates se den en otros espacios públicos y tomen forma en derechos y políticas públicas, entre otras cosas. Algo que me sorprendió de este número es que todavía para afirmarse como feministas, algunas de estas mujeres hagan uso de expresiones “ser mujer es chido”, “las mujeres somos mejores que los hombres” y “sentirse mujer … es ser madre” ¡cómo? Creo que caer en esas expresiones desvirtua el debate que trasciende esos esencialismos. Si hablamos de mejor, estamos comparando. Y no creo que haya marco de comparación entre hombres y mujeres. Peor aun porque entonces no hay espacio incluso a otros grupos que no se definen ni como hombres ni como mujeres. Reconocer que al nacer una con cierta fisonomía que la identifica como mujer, no es reconocer que se es mejor o peor a otros. Pero sí es reconocer y  también padecer opresiones estructurales. Incluso podemos decir más: Si hablamos de mejor, estamos comparando dos categorías dentro de un mismo sistema, donde la dominacion muchas veces está ligado al control de definición al otro, “hombre” y “mujer” son dos categorias que han sido establecidos por la sociedad dominante. La solucion no necesariamente es reinvindicar los roles y papeles que han sido suscritos a una de estas categorias nos hace (a las mujeres) una categoria “mejor” que los hombres. Esto no significa que no haya diferencias biologicas. solo que la conexion entre una categoria y una calidad moral o de valores debe de verse como artificial o construida.(Incluso teóricas queer bien podrían decir que estas categorias son infundadas)

Además, el tono muy personal de los articulos hace todavía pensar que las mujeres tenemos que hablar en esos términos para  hacer análisis y reflexiones profundas. Y justo eso, un análisis profundo sobre la violencia estructural y patriarcal que atraviesa los distintos campos la vida diaria es lo que se requiere.  Creo que lo importante es debatir cómo y por qué existe una violencia estructural y patriarcal en México que permite y  solapa las desigualdades políticas, económicas y culturales entre personas,  en este caso, en la población de mujeres. Hay que ver que valores culturales o machistas existen y como funcionan – en hombres, mujeres y otros – que limitaciones institucionales hay, porque no logramos disminuir la violencia etc. Necesitamos fortalecer nuestras demandas con argumentos sólidos sobre cómo mejorar las condiciones de las mujeres en la vida laboral, doméstica, académica y  no sólo comentarios sobre la experiencia personal de “ser mujer”.  Eso cada una la vive a su manera. No quiero decir que se quede en eso, pero sí me hubiera gustado que argumentaran más. ¿por qué existe la desigualdad? qué impide que las mujeres nos desarrollemos más?, por qué la violencia contra las mujeres? qué podemos hacer? cómo podermos mejorar la situación de muchas mujeres?  … Eso sí,  celebro que haya espacios -y cada vez más- para el debate, para el consenso y para el disenso entre hombres, mujeres y aquellos que no permiten definición alguna:)

Aquí presento algunas reflexiones de las participantes. Para leer todo el artículo pincha en los títulos.

 

Una agenda feminista para nexos

La desigualdad de género es funcional para la marcha de la sociedad, con su desesperante inequidad. Enfrentar esta pavorosa desigualdad exige no sólo la intervención del Estado sino la colaboración de todos los actores sociales. Tradicionalmente, la labor de nexos ha sido la de alentar un debate público, fundamentado con razones e investigación. Hoy se vuelve indispensable que en sus páginas se discuta un enfoque integrado de políticas públicas para hacer compatible la familia y el trabajo a partir de la responsabilidad conjunta de hombres y mujeres.

No será posible impulsar un proyecto democrático que priorice la equidad social si no se comprende en qué consiste y cómo opera la lógica cultural del género, y cómo la división sexual del trabajo de cuidado articula la desigualdad entre mujeres y hombres y repercute en todas las esferas de la vida en forma de obstáculos y limitaciones.

Por eso expreso mi deseo de que las mujeres y los hombres que hacen nexos retomen parte de la agenda feminista y preparen un número donde los hombres escriban sobre temas que tradicionalmente se considera que conciernen exclusivamente a las mujeres. Y que hagan otro donde las personas, con indiferencia de su sexo, escriban sobre cómo las nociones establecidas de feminidad y masculinidad inciden en las formas de hacer política. Y otro más que aborde en qué difieren los proyectos políticos en pugna electoral respecto a la desigualdad de género. Y uno que explore qué anhelan los sujetos en posición identitaria femenina, independientemente de su sexo biológico y viceversa, los sujetos identitariamente masculinos.

Marta Lamas. Antropóloga. Directora de la revista Debate Feminista y profesora-investigadora del Programa Universitario de Estudios de Género de la UNAM. Entre sus libros: Miradas feministas sobre las mexicanas del siglo XX y Feminismo. Transmisiones y retransmisiones.

Mujeres: mejores

“¿Y si ustedes vivieran y mantuvieran a sus familias con tres mil 500 pesos al mes? ¿Y si les tomara más de dos horas y tres formas diferentes de transporte público llegar a su trabajo? ¿Y si al regresar a casa, después de un largo día, su esposo las golpeara? ¿Y si, aunque ustedes contaran su caso cientos de veces, prevaleciera el silencio? ¿Y si su hija o su madre o su hermana fuera violada en la calle o cerca de un cuartel del ejército? ¿Y si en el Ministerio Público le dijeran que ella se lo buscó o que lo ocurrido no es un crimen? ¿Y si resultara embarazada y la despidieran por ello? ¿Y si tuviera un aborto y la encarcelaran por ello?
Para muchas mujeres en México esas preguntas no son hipotéticas sino reales. No representan lo que podría ocurrir sino lo que ocurre. En México ser mujer entraña tener sólo siete años de escolaridad promedio. En México ser mujer y trabajar en una maquiladora significa estar en peligro de muerte. En México ser mujer implica el 30% de probabilidad de tener un hijo antes de los 20 años. En México todavía entraña luchar por el derecho a serlo.

De ahí la necesidad de empoderarlas, y no hablo aquí de darles el poder que antes pertenecía a sus esposos. Hablo de darles más oportunidades, hablo de darles más recursos, hablo de educarlas más de siete años, hablo de empujar para que lleguen a posiciones de mando en el país. En pocas palabras, se trata de reconocer a las mujeres como ciudadanas completas: con cerebro y útero, con manos y pies, con capacidad para cambiar el destino del país y la responsabilidad de reinventarlo. Porque la causa de cualquier mujer es una causa nuestra.

La evolución de la democracia mexicana tiene que ver con las expectativas que los padres mexicanos tienen de sus hijas. Tiene que ver con la manera en la cual los ciudadanos del país se tratan unos a otros, independientemente de su género. Tiene que ver con una forma de pensar. De denunciar el acoso sexual y exigir su penalización. De fustigar la violencia contra las mujeres y demandar su erradicación. De decir que un golpe a una es un golpe a todas. De educar a una niña para que sepa que puede ser presidente de México, aunque ojalá aspire a algo mejor. De pensar que las mujeres son ciudadanas y deben ser tratadas como tales. De construir una verdadera República donde los hombres tienen sus derechos y nada más. Donde las mujeres tienen sus derechos y nada menos.

Denise Dresser. Profesora de ciencia política en el ITAM. Es columnista de la revista Proceso y editorialista del periódico Reforma.

Entre féminas te veas

Hablar de qué es ser mujer en el México de hoy exige matices. ¿Qué mujeres? ¿Y en qué México? ¿Las que pudieron estudiar? ¿Las que pudieron estudiar lo que quisieron? ¿Las que tuvieron opciones para estudiar lo que su alrededor no quería que estudiaran? ¿Las que comieron bien, y diario? ¿Las que no tuvieron que cargar con los propios desde que se levantaron en pie? ¿Las que pudieron gozar de su sexualidad? ¿Las que la padecieron? ¿Las que siguen caminando un paso detrás, de todo? ¿Las que caminan solas porque en su afirmación perdieron la parejera? ¿Las que se matan estudiando y se matan de hambre y se matan en el reventón, porque toca ser mujer y superheroína? ¿A las que matan porque sí, y porque se puede, y porque te lo buscaste? ¿Las que a sus 30 parecen de 60, y las que a sus 60 nunca se atrevieron a tener 30? ¿Las que tardaron años en toparse con su techo de cristal? ¿Las que nunca pudieron darse el lujo de vislumbrarlo?

Gabriela Warkentin. Académica, comunicadora y convencida seguidora de los Pumas.

Miedo y orgullo

En las decenas de mensajes que recibí por internet como respuesta a la pequeña encuesta que realicé entre mujeres jóvenes haciéndoles la misma pregunta que me hicieron a mí —“¿Qué es ser mujer en México hoy?”— destacan dos palabras.

La primera palabra es orgullo: orgullo por los caminos que estamos abriendo, por haber aprendido a reconocernos en la mirada de las otras, por saber hacia dónde queremos crecer, por ser capaces de ocupar las calles, por haber reconocido que tenemos una voz, por haber aprendido a usarla.

La segunda palabra es miedo.

Tienen razón las chavas: ser mujer hoy en México tiene ineludiblemente esas dos marcas.

Y nos duelen, claro, una vez más las brutales desigualdades del país. Ser mujer es también ser conscientes de ellas. Saber que no tenemos las mismas oportunidades las profesoras universitarias o las periodistas que las migrantes o las campesinas, que la conciencia de género no borra las terribles injusticias sociales, que es necesario seguir luchando por una sociedad mejor. Para las mujeres. Y también para los hombres.

Aunque sigamos buscando que nuestro cuerpo proyecte sombra. Aunque nos siga costando encontrar cada mañana nuestra imagen en el espejo.

Sandra Lorenzano. Escritora y crítica literaria. Vicerrectora de la Universidad del Claustro de Sor Juana. Su más reciente libro es Vestigios.

Tacones en bicicleta

Sin embargo, hablamos poco de las diferencias entre mujeres y mujeres.

Hoy estoy sentada leyendo y escribiendo, mientras otra mujer desempolva el escritorio y me sirve un poco de café. No eligió este trabajo por convicción, sino por necesidad. Tiene 29 años, no terminó la secundaria, vive en Iztapalapa con acotado acceso a agua potable, tiene una hija y trabaja medio tiempo para después poderla cuidar. Leo:

El 91% de las trabajadoras del hogar no tienen acceso a servicios de salud; tres cuartas partes no tienen ningún tipo de prestación social y sólo una de cada 100 cuenta con seguridad social; el 40.7% gana menos de un salario mínimo; el 44.8% gana de uno a dos salarios mínimos y el 13.1% gana más de dos salarios mínimos, lo que imposibilita pagar servicio médico particular.1

Me gustaría ver en el feminismo un debate sobre esas diferencias entre nosotras, que en la vida diaria nos pasan convenientemente desapercibidas. En la mayoría de los hogares mexicanos que cuentan con ayuda para el trabajo doméstico la relación laboral se genera entre dos mujeres. Son las mujeres las que definen horarios, paga, vacaciones y en muy pocos casos prestaciones y atención médica para las trabajadoras del hogar.

Los derechos crean reciprocidades, y estas reciprocidades son el soporte de una comunidad. Los derechos expresan no sólo las demandas individuales, sino los valores colectivos: sobre todo, la idea de que los derechos son indivisibles, si surgen de ti, también surgen de mí. Esto implica que tenemos que mantenerlos integrados.2

Insisto en que a la par de abrir espacios que garanticen justicia de género habremos de trabajar la justicia entre el género. Tendríamos que analizar si no somos mujeres que construyen relaciones de sumisión con las trabajadoras del hogar. No hay modo de que la cadena de la bicicleta gire si no pedaleamos de ambos lados.
Centrar el problema de la marginación en el hecho de ser mujeres nos puede eximir a nosotras mismas de garantizar los derechos humanos de otras y entorpecer la ruta con la sutil práctica de la incoherencia cotidiana. Las que tenemos derechos laborales cubiertos hagamos que sea realidad el derecho a la seguridad social de las trabajadoras del hogar, con la incorporación de esta figura al régimen obligatorio de la Ley Federal del Trabajo.

En tanto esto sucede, debemos hacernos cargo de su atención médica y participar, si así lo solicitan, con las cuotas que pueden obtener un crédito en el Infonavit. Además, establecer un contrato por escrito que formalice sus relaciones laborales como trabajadoras que son. A veces se requiere llevar una bici doble para que la que tiene más fuerza vaya impulsando a la que no la tiene.

Maite Azuela. Activista ciudadana y analista política.

Los simpson y las armas de Estados Unidos: auch!

En este capítulo de Los Simpson que trata del traslado de la planta nuclear a la India y la cuestión de la globalización comercial y empresarial, me parece exquisita la crítica que hace Groennig justo en esta escena cuando hace mención de que distintos aparatos o productos son hechos en otros países. Salvo las armas. Hubiera estado excelente que la escopeta de Moe no fallara, porque es lo que no fallan las armas gringas. Y hoy, con Libia podemos ver una vez más que lo hecho en USA sí funciona y tiene resultados horrendos.

Me hubiera gustado encontrar esta escena menos cortada, pero bueno. Espero capten y se deleiten con la ironia características de los autores.

Tolerancia legal y social

La simple y más que aterradora verdad es que, en circunstancias de tolerancia legal y social adoptará la más violenta conducta delictiva, gente que en circunstancias normales quizá habría pensado en tales delitos pero jamás llegó a decidir su realización.

Arendt

México es un ejemplo de la sentencia de Hannah Arendt. Cada vez se cometen más brutalidades en ese país bajo la connivencia de la sociedad mexicana y su sistema legal.

JUSTICIA

Si bien el caso Paulette ha despertado simpatías, enojos y mucho movimiento en la red (para saber en corto, aquí) donde se clama justicia (por supuesto que debe haberla), me sorprende que las redes sociales no se hayan pronunciado por la masacre cometida el domingo pasado en Durango.  ¿Cuántos se levantan por las muertas de Juárez? Cuántos se indignan ante la actuación de ilegalidad del Estado en su lucha contra el narcotráfico, cuántos se preocupan seriamente por las victimas de pederastia, cuántas redes sociales se mantienen alerta frente ante los actos criminales a los que se ven sometidos en su paso hacia USA, muchos inmigrantes “ilegales”, tanto mexicanos como latinoamericanos? Cuántos  claman justicia por todos ellos y por más actos que ponen en jaque al país?

Obvio que el caso Paulette indigna y se pide que se haga justicia, como en todo caso en que se comete un crimen. Pero lo que pasa en México va más allá de una cuestión “típica” (de maldad del ser humano) para el que muchas leyes se han hecho. Lo que ocurre en México pone en juego al país, tanto en cuestión política, como judicial y social.

¡Justicia para todos ellos!