La agonía de un glaciar

Justo hace dos años estuvimos en el glaciar de Pastoruri, en la Cordillera Blanca de Perú. Sin duda, fue una experiencia increíble, habida cuenta de que no habíamos asumido que íbamos a subir unos 5200 m. Cada paso me generaba un cansancio enorme y hasta llegué a tener taquicardia unos minutos. Cada movimiento me parecía como estar en la luna, aunque claro, con mucha gravedad. Aún así y con la adrenalina de saberme poco a poco en un lugar privilegiado, llegamos a la cima.  Y vaya que si habré estado en un lugar privilegiado, pues ya desde ese 23 de noviembre de 2007 el glaciar había perdido el 40% de su hielo. Incluso, ya se debatía su nomenclatura, es decir, ya no llenaba los requisitos para ser glaciar (dicho brevemente: un glaciar se divide en una zona de acumulación y otra de derretimiento). El caso de Pastoruri es crítico pues esta división ya no existe y, según Marco Zapata, coordinador de la Unidad de Glaciología del Inrena (Instituto de Recursos Naturales),  en unos 10 años se derretirá totalmente, pues si antes perdía 12 metros de masa de hielo por año, ya en el 2007 perdía 23m. El geólogo Marco Zapata nos comentó también que incluso se habían encontrado moscas en alturas donde antes no ocurría esto. Todo esto debido al calentamiento global.

Unas dos mil millones de personas dependen del agua de los glaciares en todo el mundo. En Lima unos dos millones de habitantes, de ocho,  padecen escasez de agua.

La situación es grave y tal parece que irreversible: presenciamos la agonía de un glaciar.

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